Hoy, de repente, echo de menos dormir en tienda.
Montarla a última hora de la tarde, con el cuerpo cansado tras varias horas de caminata, pero los ojos vibrantes de nuevos paisajes. Y, cuando el aire que corre cuando la luz del día muere ya no te deja permanecer fuera, entrar en ella, meterme en el saco, y dejarme adormecer por el microclima que se crea en su interior. Ya puede llover o tronar fuera, dá lo mismo. Ya de ahí no me mueven. De hecho, si llueve, mejor. El sonido de la lluvia en la tela de la tienda será bienvenido para acunarme.
domingo, 23 de enero de 2011
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4 comentarios:
Antes de dormirse... yo no desdeñaría una tacita de chocolate bien caliente... que con esa lluvia de fondo sabría a gloria o, como dice Luis...a "teta de novicia".
monica
Ya....el problema es que por ahí arriba no suele haber cafeterías. Uhm....tomo nota para subirme una ración para la próxima!
A ver... que a eso llego... aunque sea de ciudad. Pero igual que os preparáis unas sopitas de sobre, ¿no se podría hacer un buen chocolate? Los lujos hay que dérselos siempre que se posible. Y si para cargar con la ración de chocolate hay que contratar a un porteador extra... pues se contrata!!! Pero cuidado... no sea de la escuela de los camelleros masajistas!!!
monica
El tema está en que el peso es un lujo....Las infusiones para eso son lo mejor. Tal vez un té de chocolate!
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