Levanto la mochila con cuidado y la giro lentamente alrededor de mi hombro. Subo al vagón y, al sentarme, invierto la operación haciendo descender la mochila suavemente cuando, de repente....OH!, la mujer sentada junto a mi toca con cara de susto su bolso...."Ya está, la he mojado con la sopa!"..."Ah, no!, solo buscaba el móvil!"
Qué estresante es la tarea de llevar en la mochila una sopa de cocido con la sana intención de hacer una dieta sana y equilibrada! (sana por el chorizo y el tocino; equilibrada por los garbanzos)
En el trasbordo oigo que el metro está en el andén. "Corro" hacia él. Bueno, más que correr hago el baile de San Vito, porque con una sopa en la mochila, cualquiera corre! El conductor me mira de reojo evaluando si espera a que termine ese extraño ritual o me dá con la puerta en las narices. Entro, me siento, y compruebo con alivio que la sopa sigue en su sitio.
Una vez relajada empleo mi tiempo en el metro a reflexionar profundamente: "En el tarro va a ser un poco incómodo tomarse la sopa...No hay problema, me la tomo en el tuper donde traigo los garbanzos!...PERO...si la sopa se toma lo 1º!". Decido invertir el orden de los platos y tomarme primero los garbanzos. No hay nada como ser una mujer flexible.
Dedicado a Luis. Mi sopa de codido te sentaría fenomenal en Aboundance, pero no quiero ni pensar qué sería de ella tras un viaje en avión...Felices Navidades!